10.11.06

Lección de Ciudadanía (...o En plenos morros)

Lección de ciudadanía

Fernando Savater

Publicado en la web de ¡Basta Ya! (http://bastaya.org/)

Tuve al principio la tentación de titular este artículo “En plenos morros” pero finalmente he optado por algo más educado. Sin embargo, la tentación de hacer la higa ha sido fuerte, al ver la conmoción provocada por los resultados que han obtenido Ciutadans en las pasadas elecciones catalanas. Primero –antes de que se votase- fue el vergonzoso silenciamiento y el mirar por encima del hombro, con conmiseración o ironía. Los medios de comunicación, sobre todo los específicos de la autonomía, apenas dedicaron al partido recién llegado la mínima atención, ni siquiera por el interés periodístico que podía representar la novedad de su propuesta. Después de los comicios, los mismos que les silenciaron empezaron a regañarles como si fuesen aquellos “pecadores de la pradera” a los que amonestaba Chiquito de la Calzada. Oímos que son la ultraderecha, la derecha de la ultraderecha, el regreso de Lerroux (¡no podía faltar la referencia al Emperador del Paralelo, ahora más bien para lelos!), pero al mismo tiempo un grupo izquierdista partidario de varias aberraciones morales y en el que no puede confiar la sana gente de orden. A un fulano muy entendido le oí decir por la radio en cinco minutos que eran un invento movido desde Madrid y que no tenían ningún futuro en el resto de España, porque se trataba de un fenómeno específicamente catalán. Por lo visto la antigua profesión de lacayo, que creíamos desaparecida con el fin de las grandes casas aristocráticas, se ha reciclado de modo que perdura en emisoras, televisiones y periódicos pero ahora al servicio de los magnates políticos.

¿A qué viene este partido de los Ciudadanos, que tanta incomodidad ha producido en los profesionales sempiternos de la política establecida al negarse dócilmente a desaparecer en la nada electoral, como ya se había dado por seguro? Desde mi punto de vista, aportan en primer lugar una actitud progresista que rechaza sin complejos la obligada devoción a nacionalismos pequeños o grandes. Digo “progresista”, no de izquierdas o derechas, porque creo que el verdadero progresismo se fabrica hoy con elementos pragmáticos tomados de los dos campos convencionales. Y ya resulta insostenible que porque un partido se llame “Izquierda Nose qué” sea progresista: si el progreso avanza hacia algo parecido a Javier Madrazo, es falso todo lo que cuenta tanto la teoría de la evolución como desde luego la del Diseño Inteligente. Vivimos en un país extraño: si uno se declara “anticapitalista”, recibe múltiples parabienes por su coraje solidario con los desheredados; si dice que es “anticomunista”, no le faltarán elogios por haber comprendido que no hay justicia sin libertad; pero si se confiesa “antinacionalista”…

Nada, a tanto no se atreve nadie. Lo único bien visto como máximo es ser “no nacionalista”, aunque siempre catalanista, vasquista, galleguista…¡o españolista! Pues bien, algunos –puede que muy pocos, puede que tampoco muchos de los Ciutadans, que oficialmente se dicen “no nacionalistas”- proclamamos abiertamente que somos antinacionalistas. Con el debido respeto a las personas, pero con no menor firmeza ante las ideas que nos resultan rechazables. Políticamente hablando, los nacionalistas me parecen obtusos e insaciables: obtusos por su visión patrimonialista y cerrada de la sociedad (v.gr., el peneuvista Rubalcaba en el pasado debate sobre autodeterminación, regalando España a los demás con tal de que su clan se quede con el País Vasco como si fuera su caserío) e insaciables, es decir que ninguna concesión descentralizadora logra nada más que abrirles el apetito de mayores privilegios y competencias exclusivas. Me gustaría poder votar a un partido que contrarrestase eficazmente, con habilidad política, los abusos separatistas; que mantuviese un discurso pedagógicamente explícito para aclarar que el derecho a la diferencia nunca es una diferencia de derechos; y que por supuesto defendiese la unidad constitucional como base del estado democrático pero sin concesiones a patrioterismos ni a ninguna esencial Idea de España. Dado el panorama actual: ¿a quién podemos votar, yo y quienes pensamos como yo? No sé si Ciutadans resuelve nuestro problema, pero al menos nos abre una esperanza.

Me gustaría por tanto que el partido de los Ciudadanos se extendiese a todas las circunscripciones electorales de España. La competencia, alarmada, intenta convencernos de que tal cosa no es posible porque el nacionalismo obligatorio sólo es problema en Cataluña, el País Vasco y quizá en Galicia. Pero es que los Ciudadanos no sólo pueden ni deben atender la urgencia antinacionalista. Hay otros temas conflictivos y vuelvo al ejemplo del hombre que conozco mejor –como diría Unamuno- o sea yo mismo. Como maestro, me parece imprescindible la Educación para la Ciudadanía en bachillerato y en cambio me resulta impresentable que un estado laico costee una asignatura de religión confesional, evaluable y válida para pasar curso, con un profesorado designado o revocado por los obispos y pagado por el erario público. Pues bien, según parece la asignatura de Educación Cívica –tras muchas grotesca polémicas- va a quedar reducida en el nuevo bachillerato a una hora semanal, lo que equivale a darle una existencia…semi-virtual. Y en cambio tendremos religión evaluable, etc… Como ese panorama me parece vergonzoso, no quiero apoyar al partido gubernamental que lo propone. Tampoco puedo votar al PP, que ha dicho ineptas perrerías sobre la Educación para la Ciudadanía y es capaz de dar más horas a la religión que a matemáticas o lengua, para complacer a los obispos. Izquierda Unida es una opción ya impracticable, por culpa de Madrazo y Cía. Entonces…¿a quién voto? Si Ciudadanos plantea este tema y otros semejantes, será útil en España entera.
En último término, la simple existencia de una alternativa razonable a los partidos mayoritarios es ya una ráfaga de aire fresco. Cuando yo tenía veinte años y nos metíamos en líos por alborotar contra el franquismo (por entonces la mayoría de los ardientes antifranquistas actuales iban a campamentos del Frente de Juventudes o no habían nacido todavía), nuestros mayores nos amonestaban: “¡Si ésto no os gusta, iros a Rusia!”. Como si fuese obligatorio ser devoto de Franco o de Stalin. Ahora les dicen algo parecido en el PSOE y en el PP a quienes disienten de la línea oficial: “¡Vete con los de enfrente!”. Sería estupendo poder responderles que nos vamos sí, pero con quien ellos no se lo esperan. El éxito de Ciutadans demuestra que además de quejarse, de decir que todo está peor que nunca, que el enemigo está crecido y ya ha ganado la partida (como los políticos insensatos repiten en el País Vasco) puede hacerse algo para cambiar las cosas a mejor. Allí en Cataluña, lo han logrado principalmente jóvenes, aunque alentados y ayudados por gente mayor. ¿A qué esperan los jóvenes realmente progresistas en el País Vasco?

7.11.06

Estado residual

Juan Francisco Martín Seco
Estrella Digital, 16 de agosto de 2006

El pasado nueve de agosto, día de la entrada en vigor del Estatuto catalán, todos los medios de comunicación coincidían en apostillar que los catalanes no iban a notar nada especial. La aseveración resulta evidente. A corto plazo, todo va a seguir igual para los catalanes y para el resto de los españoles; las consecuencias negativas sólo aparecerán de forma gradual. Esa es la baza con la que cuenta el Gobierno para eludir un previsible coste electoral. No es de extrañar, pues, que tanto en el Gobierno como en el PSOE hayan caído fatal las declaraciones del presidente de la Generalitat; ponen al descubierto lo que se quiere tener oculto, o lo que se pretende relegar, cuanto antes mejor, al olvido.
Sin embargo, determinadas afirmaciones de Maragall responden a la verdad. En Cataluña , el Estado va a tener a partir de ahora una función puramente residual. Pero no sólo en Cataluña, porque las clases políticas de las correspondientes Autonomías convencerán a sus respectivos conciudadanos de que no pueden ser menos que los catalanes, con lo que el fenómeno se irá generalizando. En realidad, algo de eso está ocurriendo ya, y poco a poco el Estado va quedando reducido a su mínima expresión, al tiempo que, por más que se quiera, las Comunidades Autónomas son incapaces de responder a los retos que exigen sociedades tan complejas como las actuales. Se hizo patente con la crisis del Prestige, se está viendo con los incendios y aparecerá en todos los casos de emergencia nacional.
Tanto hemos reducido el tamaño del Estado (rebajas fiscales, limitación del gasto público, privatizaciones y, sobre todo, Comunidades Autónomas) que lo estamos condenando a la inoperancia. Este proceso de disgregación es especialmente grave en un momento en el que se globalizan los mercados y la economía. Se repite a menudo que en las coordenadas actuales los Estados son impotentes y se necesitan respuestas en el ámbito europeo, que no son fáciles de instrumentar. Suspiramos por alcanzar la unión política europea y, sin embargo, mientras tanto, ¡oh, paradoja!, rompemos la unión política del Estado para trocearlo en entidades más pequeñas, las Comunidades Autónomas.
El Estatuto que entra en vigor constituye, según Maragall, una nueva constitución para Cataluña. Si las palabras del presidente de la Generalitat han sentado tan mal en el PSOE es porque su discurso es netamente nacionalista y deja al descubierto, por tanto, que el Gobierno actual se ha comportado como tal al respaldar en buena medida su política. Maragall es nacionalista, jamás reconocerá que Cataluña forma parte de España. España son los otros: “Una España amiga que nos comprende”. Maragall es un exponente de una clase oligárquica provinciana de señoritos que –carcomidos de rencor y de envidia– aborrecen al Estado español, aunque no lo confiesen. No otra cosa demuestra el que, gustosos y satisfechos, estén dispuestos a transferir cualquier competencia a la Unión Europea , mientras desean privar de todas ellas al Estado. Hay razones para sospechar que, si no estuviésemos en el euro, el nuevo Estatuto habría planteado un Banco de Cataluña, independiente del Banco de España, y con capacidad propia para emitir su propia moneda. Su consigna sería (:) algo así como moneda europea sí, pero no española.
El discurso de Maragall ha sentado mal en el PSOE porque se pretende que la sociedad olvide lo antes posible todo el proceso seguido en la aprobación del Estatuto. Y, en realidad, es que es difícil de entender el papel del Gobierno y más concretamente el de su presidente en todo este asunto. Quizá se pueda comprender que, en el fragor de una campaña electoral y cuando a corto plazo no se piensa llegar al gobierno, se prometa aprobar y defender lo que venga de Cataluña; si bien ello indica ya una cierta frivolidad, pues, de esta forma y aunque sea implícitamente, comienza a reconocerse la soberanía de esta región y a romper en paralelo la soberanía del Estado español.
Tal vez sea posible entender que cuando se ganan unas elecciones sin mayoría absoluta y se está abocado –dado el imperfecto sistema electoral español– a gobernar con el apoyo de un partido nacionalista, haya que realizar determinadas concesiones. Todos lo han hecho: Suárez, González y Aznar. Pero lo que es difícil de comprender es que el presidente del ejecutivo español se haya puesto a la cabeza de la manifestación nacionalista liderando el proceso de aprobación del Estatuto. Y tampoco que, habiéndose podido abortar su aprobación en el Parlamento catalán por la oposición de CiU -con lo que el Gobierno central se hubiese visto libre de toda presión-, haya sido precisamente el presidente de este Gobierno el que por dos veces –una en el Parlamento catalán y otra en el del Estado español– haya salvado el Estatuto.
No se entiende nada de lo ocurrido en todo este asunto. El presidente del Gobierno central se convierte en paladín de la aprobación de un Estatuto nacionalista, el PSOE rompe con el partido nacionalista que le venía apoyando, tanto en el gobierno central como en el de la Generalitat, para aliarse con aquella formación política que es su principal competidora en Cataluña; el Estatuto se aprueba, pero se defenestra a su artífice fundamental, el actual presidente de la Generalitat. Nada tiene pues de extraño que desde el PSOE se pretenda pasar página de modo que la gente no repare en lo ocurrido. Les ampara el hecho de que los resultados no aparecerán a corto plazo; pero que nadie lo dude, poco a poco iremos viendo las consecuencias negativas, las consecuencias extremadamente negativas para los catalanes y para todos los españoles de haber relegado al Estado a un papel residual.

6.11.06

¿Nacionalismo o subvencionalismo?

Interesante artículo del catedrático en economía Federico Aguilera Klink, sobre el "fundamento" del nacionalismo canario.

Publicado en Disenso, 42, febrero de 2004.


¿Nacionalismo o subvencionalismo?
Reflexiones sobre el modelo canario de victimismo económico
Federico Aguilera Klink

En Canarias se ha consolidado tanto una cultura como un modelo económico basados en el victimismo y en la subvención. Esto se ha ‘legitimado’ con informes y estudios ‘a la carta’, gracias a los cuales y a la presión política Bruselas otorgó a las Islas el Estatuto de Región Ultra Periférica. Pero en opinión del autor de este artículo, el problema no es la ultraperiferia, sino qué es lo que están haciendo los políticos y empresarios con Canarias, cómo se distribuyen y a quién benefician los miles de millones que nos llegan de Bruselas y Madrid. Federico Aguilera Klink es catedrático de Economía Aplicada en la Universidad de La Laguna.
En unas declaraciones publicadas en el Diario de Avisos de Santa Cruz de Tenerife, el 30 de noviembre de 2003, el consejero de Economía del Gobierno de Canarias, José Carlos Mauricio, afirmaba: “A los canarios nos ha ido bien con un cierto victimismo unido a una fuerte presión en Bruselas, pero el lloriqueo ya no vale (...) Canarias no tiene que ser una región subvencionada por Europa”.Tiene razón el consejero. El problema es que el Gobierno y los empresarios canarios han luchado duramente hasta conseguir por parte de Bruselas la concesión del estatuto de víctima estructural para Canarias, pues eso exactamente es lo que significa el Estatuto de Región Ultra Periférica (RUP). Así es que, la única manera de que Canarias deje de ser una región subvencionada consiste en renunciar al Estatuto de Región Ultra Periférica. No hay otra manera de hacerlo. Pero eso no lo va a hacer el Gobierno. La razón es que ese modelo y esa cultura victimistas han sido pacientemente tejidos durante los últimos años por políticos y empresarios hasta conseguir que se acepte que Canarias tiene que ser subvencionada por Europa, es decir, justo lo contrario de lo que ahora propone el consejero.Lo que está ocurriendo es que los canarios están siendo víctimas de su propio victimismo. La actitud es la de afirmar que si nos va mal es porque somos una RUP y nos tienen que seguir ayudando, en lugar de reconocer que el problema es qué es lo que están haciendo los políticos y empresarios con Canarias. Por eso creo que es hora de empezar a preguntarse: ¿Cómo se gestionan las empresas? ¿Hay muchos empresarios, de verdad, en Canarias? ¿Cómo se distribuyen y quién se beneficia de los miles y miles de millones que nos llegan de Madrid y Bruselas? En definitiva, ¿a quién beneficia el victimismo?

‘LEGITIMAR’ EL VICTIMISMO.
El primer paso para la consolidación de Canarias como región víctima consistió en legitimar, con estudios e informes a la carta, el victimismo basado en los costes de la insularidad y la fragmentación del espacio, exagerándolos y omitiendo e ignorando, cuidadosamente, cualquier mención a los beneficios derivados de esa insularidad. La consigna era muy clara: “Tenemos que conseguir que Bruselas y Madrid reconozcan los costes de la insularidad —que vamos a calcular nosotros— y reconozcan que es una deuda que nos tienen que abonar”. A partir de ese momento la consigna fue más clara todavía: “La insularidad sólo tiene costes, nada de hablar de beneficios”.El segundo paso consistió en negar lo que, hasta ese momento y dentro de una argumentación económica razonablemente honesta, había sido considerado como uno de los pilares del potencial económico de Canarias; es decir, su situación estratégica entre tres continentes. Así pues, el objetivo consistió en transformar la potencial situación estratégica de Canarias en su contraria, afirmando tajantemente la condición insular y la ultraperiférica, exagerando de nuevo hasta la caricatura las desventajas de una cierta lejanía y negando el reconocimiento de las posibles ventajas de ella, a pesar de la destacada importancia de Canarias como destino turístico de masas. ¿Alguien puede creerse seriamente que Canarias es una RUP cuando tenemos una temporada que dura 12 meses, frente a los 5 o 6 de Baleares y recibimos 12 millones de turistas al año?El caso es que comenzó la campaña que se puede resumir en la frase: “A partir de ahora hay que insistir en la lejanía. Oficialmente estamos muy lejos de Madrid y Bruselas y ambos tienen que compensarnos por ello”. En este sentido, el informe realizado para el Consejo Económico y Social (CES) por varios profesores de la Universidad de La Laguna y presentado como Pronunciamiento del Consejo Económico y Social sobre el Estatuto Especial de las Regiones Ultraperiféricas de la Unión Europea, editado y distribuido por el CES como Dictamen 2/1997, constituye un auténtico manual de la estrategia insularista y ultraperifericista que se siguió.

NEGAR LA EVIDENCIA.
El tercer paso ha ido en la dirección de negar una evidencia aún más obvia, y es la que se refiere a las excelentes condiciones climáticas de Canarias. Así pues, mientras algunos geógrafos y economistas, como Perpiñá Grau, consideran que “el clima es un bien económico”, en el sentido de que permite generar una “renta de situación”, si las condiciones climáticas son buenas, que es exactamente lo que ocurre en Canarias, aquí se comienza a negar o, simplemente, deja de ser mencionado. Dicho de otra manera, lo que siempre ha sido la marca innegable, que atraía y atrae al turismo europeo hacia Canarias, su clima cálido y benigno —“El mejor clima de Europa como rezaba la propaganda hace veinte años”— (además de un paisaje espléndido), ahora es considerado oficialmente como inexistente y se pasa a hablar, oficialmente, de “clima adverso”, tal y como recoge uno de los artículos del Estatuto de las RUP. Es más, si se acepta que Canarias tiene un clima adverso, uno se pregunta qué calificativos serían adecuados para cualquier otra región de la Unión Europea.Son un misterio, al menos para mí, las razones por las que Bruselas acepta estos tres pasos. El caso es que el reconocimiento por parte de Bruselas y Madrid de todos esos pasos legitima el modelo económico victimista canario y configura su marco institucional, que no es otro que el “Estatuto de Región Ultra Periférica”, incluyendo a Canarias en las famosas RUP. En dicho Estatuto, el archipiélago canario se homologa, aunque resulte increíble, con regiones como La Guayana Francesa, Martinica, Cabo Verde o Azores. ¿Qué tenemos en común, aparte de ser archipiélagos, exceptuando a La Guayana? Sólo nos falta iniciar la liga RUP de fútbol.Pero no acaba aquí la propuesta victimista. Para reforzar el citado marco institucional se aprueba la RIC, la Reserva de Inversiones de Canarias. La excusa es que la situación económica de las empresas en Canarias es tan mala —por la insularidad y la ultraperiferia— que necesitan incentivos fiscales adecuados para salir de esta situación. En consecuencia, se aprueba que un porcentaje elevado del impuesto sobre los beneficios empresariales quede exento, siempre que ese dinero se reinvierta en las actividades propias de la empresa.Es cierto que bastantes empresas han hecho un uso adecuado de dicha exención, aunque es igualmente cierto que un número elevado de empresas se ha gastado su dotación RIC en viviendas. Como señala Salvador Miranda en el número 3, de febrero de 2003, de la revista Hacienda Canaria, editada por la Consejería de Economía y Hacienda del Gobierno de Canarias, “...buena parte de las materializaciones (RIC) —en suelo y cemento principalmente— han tenido un efecto perverso sobre el precio del suelo y una sobreoferta de camas turísticas que ha desequilibrado notablemente el mercado del actual monocultivo canario”. Como afirmó el actual presidente del Gobierno de Canarias, Adán Martín, en una conferencia en la Universidad de La Laguna, hace unos meses, “los hoteleros reciben ayudas procedentes de incentivos regionales y de ventajas RIC de hasta el 52% de su inversión”.Pero también es cierto que muchas empresas no saben qué hacer con la RIC, generándose una bolsa ociosa de miles de millones de pesetas RIC. De hecho, es de nuevo Salvador Miranda el que se plantea que “aún queda por resolver qué aplicación se le va a dar a los 1,3 billones de pesetas acumulados hasta diciembre de 2000 en dotaciones (RIC)”.

DISPARATE FISCAL.
Como no se sabe qué hacer con ese dinero, porque no hace falta, se aprueba recientemente que la RIC se pueda invertir en Deuda Pública, lo que culmina el vergonzoso e insolidario disparate fiscal en el que se está instalando Canarias en beneficio de los empresarios. De hecho, el que los empresarios puedan invertir la RIC en Deuda Pública significa exactamente que estos empresarios, en lugar de pagar impuestos, pueden legalmente prestar a los organismos públicos el dinero correspondiente a esos impuestos, cobrar un interés por el préstamo y, además, obtener importantes ventajas fiscales. Así pues, no sólo no pagan los impuestos sino que son premiados por no hacerlo. Y lo más insolidario y vergonzoso de todo es que el rescate de la Deuda, es decir, la devolución del dinero prestado a los organismos públicos por los empresarios se hará con cargo a los impuestos pagados por los ciudadanos de a pie. ¡Y vivan las Regiones Ultra Periféricas y los costes de la insularidad! Esta normativa fiscal parece sacada de un texto de El Roto o de Valle Inclán, pero no es así, se trata de la RIC. Evidentemente, no queremos darnos cuenta de que la principal ultraperiferia es la mental que es la que está llevando al disparate a Canarias como sociedad y como espacio económico a la vez que a un aumento abismal de la desigualdad.En definitiva, resulta contradictorio, e incluso fraudulento, que el argumento empleado para la aprobación de la RIC sea el de mejorar la situación de las empresas canarias y que luego gran parte de la dotación RIC no encuentre destino. La explicación es clara, la situación de las empresas canarias no es tan mala como se hizo creer. Claro que mientras la mayoría de los políticos sean empresarios poco hay que esperar.

‘MENTALIDAD VICTIMISTA’.
El modelo basado en el victimismo ante Bruselas —que Madrid obviamente no se cree, pero acepta por una cuestión de apoyos políticos— ha llegado a consolidarse de tal manera que la mayoría de los empresarios han adoptado la mentalidad victimista para poder seguir contando con las subvenciones.A esto se une la exigencia por parte de importantes grupos empresariales de que continúen las enormes inversiones de fondos públicos en infraestructuras (que es otra variante de las subvenciones) que no están ni económica, ni social ni ambientalmente justificadas, sobre todo en un contexto como el de las Directrices de Ordenación del Territorio, en el que se acepta la necesidad de frenar el crecimiento económico. Es cierto que estas inversiones tienen un destacado efecto multiplicador ocasional de la actividad económica y del empleo, pero da la impresión de que para muchos empresarios es algo más. Algo nos tocará, me imagino que dirán, mientras alternan, con toda tranquilidad, los lamentos victimistas y la exigencia de más inversiones públicas con los discursos en defensa de la competencia y del libre mercado sin la intolerable intervención estatal, a la que sólo se le pide que se deje saquear con la excusa del “interés general”. Ahora bien, como resulta que esas infraestructuras son contestadas en algunas islas, empresarios y políticos se reúnen y deciden sacar a pasear la romería del “pleito insular” como única opción ante la falta de argumentos convincentes.
FALTA DE CREDIBILIDAD. En cualquier caso, la falta de credibilidad del discurso victimista —y todo esto sin contar con la lluvia de ayudas PAC para el plátano que asciende a unos 20.000 millones anualmente, ni las ayudas del REA, que tampoco son despreciables— se consolida con afirmaciones como la recogida en un publirreportaje sobre Cabo Verde, según el cual y citando a la Cámara Superior de Cámaras de Comercio, “Canarias es uno de los principales inversores en Cabo Verde, con más del 40% del capital extranjero en la zona, superando en más de diez puntos a países comunitarios de la talla de Italia”. (Información ratificada por La Opinión el día 10 de diciembre de 2003). ¿Cómo es posible que una Comunidad RUP como Canarias, que oficialmente está tan mal, invierta en Cabo Verde más que Italia, a la vez que pide más inversiones públicas en Canarias? ¿Quién puede creerse seriamente que Canarias es una RUP mientras se anuncia el Auditorio de Tenerife como “el nuevo símbolo de la modernidad en Europa”? ¿Será que están asociando las RUP a la modernidad en Europa o será que quieren convencer a Europa de que la modernidad es ser una RUP bien subvencionada? Habrá que decidirse. O las empresas canarias están mal y usan la RIC para mejorar o están más que bien y por eso (en lugar de pagar impuestos) no saben muy bien qué hacer con los fondos RIC, razón por la que quizás invierten en Cabo Verde y en otros países lo que no necesitan invertir en esta “RUP” que dicen que es Canarias.Por eso, una de las preocupaciones más importantes consiste en saber qué tipo de empresario es el que se está consolidando en Canarias, ya que da la impresión de que se ha consolidado plenamente el modelo y la mentalidad victimistas y que, de igual manera que el Gobierno de Canarias disfraza la realidad física y económica canaria ante Bruselas, los empresarios-políticos canarios —o al menos una buena parte de ellos— disfrazan su realidad ante el Gobierno de (empresarios) de Canarias, pues han aprendido bien en qué consiste esto de ser empresario de una Región Ultraperiférica.La situación es, de hecho, mucho más grave, pues, acostumbrados los empresarios canarios a la mentalidad victimista, ¿podrán acostumbrarse a ser empresarios de verdad, es decir, a gestionar sus empresas, a competir razonablemente, a ser razonablemente eficientes, a obtener tasas de beneficios razonables, en lugar de dar pelotazos? ¿Cómo es posible que se diga que es necesario gestionar mal una empresa porque si se hace bien se pierden subvenciones? ¿Será verdad e incluso posible la afirmación de Mauricio de que “el rollo de la UTE del diez por ciento se acabó, porque estamos hablando entre mayores de edad”? ¿Será por eso por lo que el Gobierno de Canarias no solicita la ejecución de la sentencia dictada por el Tribunal Superior de Justicia de Canarias, que obliga a paralizar las obras de la urbanización de El Cotillo, en Fuerteventura? ¿Es eso lo que se entiende por hablar entre personas mayores de edad? ¿No sería más correcto hablar de “capitalismo de amiguetes”, término empleado por el premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz? Claro que las víctimas no son los amiguetes, son la excusa para que los amiguetes hagan grandes negocios.En una entrevista a Albert Boadella, el periodista que le preguntaba se sorprendía de que pudiera tener una conversación con él sin nombrar a Jordi Pujol, a lo que Boadella contestaba: “Por supuesto. Aunque si me lo nombra deberé recordarle que está dando una imagen de Cataluña lamentable: la de una pandilla de aprovechados y bandidos que siempre procura tener la mayor parte del pastel”. ¿Hacia dónde nos lleva el nuevo victimismo? En lugar de nacionalismo, ¿no sería más adecuado hablar de subvencionalismo?